Autonomía total
Disponer de reserva hídrica en temporadas de sequía extrema.


En la actual coyuntura climática, el agua se ha convertido en el recurso más crítico para la sostenibilidad de cualquier proyecto agroindustrial.
Depender de fuentes externas o de compras de agua puede comprometer la viabilidad financiera de las operaciones. A continuación, analizamos por qué la implementación de reservorios impermeabilizados con geosintéticos es una inversión estratégica fundamental.

El mundo enfrenta desafíos climáticos sin precedentes.
Factores como el efecto invernadero han incrementado las temperaturas globales, provocando sequías más prolongadas y eventos climáticos extremos. En Colombia, a pesar de ser un país privilegiado en recursos hídricos, hemos sido testigos de una reducción significativa en los caudales y un aumento del estrés hídrico que afecta directamente la producción agrícola y ganadera.
La realidad es clara: el fenómeno de ‘El Niño’ y el cambio climático no son eventos aislados, sino condiciones permanentes para las cuales debemos prepararnos. La falta de infraestructura de almacenamiento no solo genera pérdidas económicas cuantiosas, sino que pone en riesgo la seguridad alimentaria y la estabilidad de las comunidades.

Existen diversos métodos para enfrentar la escasez, cada uno con sus propias ventajas y desventajas:
Requieren perforaciones costosas y energía constante para la extracción, además de permisos de explotación que suelen estar limitados.
Es una solución temporal y extremadamente costosa, con un alto impacto ambiental y logístico.
Tradicionalmente es el método más utilizado, pero ante el cambio climático, estas fuentes son cada vez más vulnerables y sus caudales menos confiables.
Se presentan como la opción más eficiente y sostenible. Al captar y almacenar agua de lluvia o aprovechar aguas subsuperficiales, la empresa gana autonomía y reduce su dependencia de terceros.
Conozca la solución de reservorios impermeabilizados.

La clave para un almacenamiento eficiente reside en la tecnología de impermeabilización.
El uso de geomembranas de polietileno de alta densidad (HDPE), combinado con sistemas de drenaje adecuados (como los drenes tipo espina de pescado o geodrenes planares), garantiza que el agua no se pierda por infiltración en el terreno.
Estos sistemas permiten:
Disponer de reserva hídrica en temporadas de sequía extrema.
El costo por metro cúbico de agua almacenada es significativamente menor que el de cualquier otra fuente.
Al ser materiales inertes, impiden el crecimiento de malezas y microorganismos que afectan la calidad del agua y el funcionamiento de las bombas.
Se evitan problemas de inestabilidad, deslizamientos y la formación de burbujas de gas (conocidas como ‘ballenas’) que dañan la infraestructura.


Porque la operación queda dependiendo de fuentes externas o de compras de agua, un costo operativo constante que aumenta con el tiempo. La falta de infraestructura de almacenamiento genera pérdidas económicas cuantiosas y pone en riesgo la seguridad alimentaria y la estabilidad de las comunidades.
Los reservorios impermeabilizados. Los pozos profundos requieren perforaciones costosas, energía constante y permisos limitados; los carrotanques son temporales y extremadamente costosos, y los ríos o quebradas tienen caudales cada vez menos confiables. El reservorio capta agua de lluvia o aguas subsuperficiales y da autonomía a la empresa.
Con geomembranas de polietileno de alta densidad (HDPE), combinadas con sistemas de drenaje adecuados, como los drenes tipo espina de pescado o los geodrenes planares, que garantizan que el agua no se pierda por infiltración en el terreno.
Un reservorio impermeabilizado con geosintéticos ofrece un retorno de inversión rápido, entre 2 y 5 años, y asegura la continuidad operativa frente a la incertidumbre climática.
La infraestructura hídrica no debe verse como un gasto, sino como una inversión estratégica. Mientras que la compra de agua representa un costo operativo constante que aumenta con el tiempo, un reservorio impermeabilizado con geosintéticos ofrece un retorno de inversión rápido (entre 2 y 5 años) y asegura la continuidad operativa frente a la incertidumbre climática. Prepararse hoy es la única forma de evitar las crisis hídricas del mañana.