
El gas radón es un gas natural que no tiene color ni olor, por lo que no puede detectarse fácilmente sin instrumentos especializados. Se produce por la desintegración de elementos radioactivos presentes en los suelos y las rocas. Desde allí, el gas se libera y se desplaza a través de grietas hasta llegar al aire o a fuentes de agua subterránea.
En espacios abiertos y bien ventilados, el radón se diluye rápidamente. Sin embargo, en lugares cerrados puede acumularse hasta alcanzar concentraciones peligrosas. Por esta razón, suele encontrarse en niveles más altos dentro de algunas casas, edificios y fuentes de agua subterránea, especialmente cuando proviene de pozos.
¿Cómo entra el radón a los edificios?

La mayor parte de la exposición al radón, tanto en adultos como en niños, ocurre en interiores: casas, oficinas, escuelas y otros edificios. Los niveles de radón dependen de las características del suelo y las rocas de cada región.
Este gas puede ingresar a las construcciones por medio de grietas en el piso o en las paredes, empalmes de construcción y espacios alrededor de tuberías, varillas o bombas ubicadas en los cimientos. Por lo general, las concentraciones más elevadas se encuentran en sótanos o espacios subterráneos, donde la ventilación suele ser menor.
Impacto del radón en la salud

El radón representa un riesgo importante para la salud, especialmente por su relación con el cáncer de pulmón. Según un grupo de investigación del Instituto Nacional de Salud, en Colombia se calculó que en 2016 hubo 6.233 muertes por cáncer de pulmón, de las cuales 704 fueron atribuidas a la exposición al gas radón.
Además, las tasas de mortalidad por cada 100.000 habitantes fueron mayores en los grupos de edad más altos. De un total nacional de 122.625 años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como DALYs, causados por cáncer de pulmón, el 11,3 % fue atribuible al radón.
Desigualdades regionales en Colombia

El impacto del radón no es igual en todo el país. Departamentos como Risaralda, Antioquia y Quindío presentaron tasas de DALYs atribuibles al cáncer de pulmón por exposición a radón hasta 3,5 veces mayores que departamentos como Amazonas, La Guajira y Vaupés.
Mientras algunos territorios registraron tasas entre 46,0 y 49,0 por cada 100.000 habitantes, otros presentaron valores entre 9,7 y 14,0 por cada 100.000 habitantes. Esto demuestra que las condiciones geológicas y ambientales de cada región influyen directamente en el nivel de exposición al gas.
Prevención: una solución posible

En Colombia, muchos casos y muertes por cáncer de pulmón pudieron haberse evitado si la exposición al radón se hubiera mantenido en el mínimo teórico de 10 Bq/m³.
Una alternativa para reducir este riesgo es el uso de geosintéticos, materiales que permiten aislar las construcciones y facilitar el flujo de gases hacia canales de aireamiento. Estos funcionan como una barrera duradera, flexible y adaptable a diferentes entornos.
Gracias a nuevas tecnologías, estas soluciones pueden aplicarse tanto en construcciones nuevas como en edificaciones ya terminadas. Esto facilita su implementación y puede reducir los costos asociados a la prevención.
La importancia de las políticas públicas

Actualmente, a nivel mundial se están realizando llamados para que los gobiernos adopten medidas de prevención frente al gas radón. Es necesario crear políticas públicas que exijan edificaciones y construcciones correctamente aisladas.
Prevenir la exposición a este gas no solo ayudaría a reducir enfermedades como el cáncer de pulmón, sino que también permitiría proteger la salud de las personas y garantizar mejores condiciones de vida a largo plazo.
La única forma confiable de saber si hay radón en una vivienda es mediante una medición con equipos o kits especializados, ya que este gas no se puede ver, oler ni detectar de manera natural. Estas pruebas permiten conocer la concentración del gas y determinar si es necesario aplicar medidas de ventilación o aislamiento.
La acumulación de radón puede prevenirse mejorando la ventilación, sellando grietas en pisos y paredes, aislando adecuadamente los cimientos y utilizando sistemas que permitan evacuar los gases del subsuelo. También pueden emplearse materiales como geosintéticos, que funcionan como barreras para reducir la entrada del gas a las construcciones.
Los gobiernos tienen un papel importante en la prevención del radón porque pueden crear normas de construcción, exigir mediciones en zonas de riesgo y promover campañas de información para la población. Estas medidas ayudan a reducir la exposición al gas y a prevenir enfermedades relacionadas, como el cáncer de pulmón.




